miércoles, 20 de agosto de 2014

La encomienda de Di.

Cuando desperté todo estaba iluminado, las paredes a mi alrededor eran de un color rosa viejo y el techo blanco, ayudando así a la iluminación de la sala, a mi derecha un ventanal de casi dos metros de altura era el que dejaba entrar los primeros rayos de sol del día.

Me levanté con la cabeza aturdida, un dolor punzante en las sienes y un mareo de locos. Observé que la sala solo tenía una mesa y en ella un libro sin portada acompañado de un vaso de agua y un analgésico.

Dudé bastante antes de tomarlo, pero el dolor se sentía tan fuerte que me terminó ganando por cansancio y finalmente tomé la pastilla y todo el agua, refrescando así mi cuerpo extremadamente cansado.




¿Qué me pasó? ¿Donde estoy? Me pregunté internamente mientras un rayo de sol se posaba entre mis ojos haciéndome fruncir los ojos de una manera graciosa, lo último que recordaba era que hace dos días (o al menos creía que había pasado ese tiempo) había ido a reencontrarme con mi ex novio para pedirle que me dejara en paz.

Luis desde que habíamos cortado me perseguía por todos lados, de una manera inhumana, siempre tenía la misma ropa y mucha pinta de necesitar cincuenta baños juntos. Era desagradable, tanto que ya no me apetecía salir sola, llegó a darme miedo. Cuando encontré el papel con su mensaje, decidí ir a su encuentro, pero mi error fue no comentárselo a nadie. ¡Que idiota! Pensé, ¡Seguramente el está detrás de esto!.

Un ruido ensordecedor me despertó de mi momento de reflexión, un intenso pip, de esos que se sienten a veces en los oídos, provenía de unos parlantes que no había visto en las esquinas del cuarto, luego un mensaje:

-¡Hola Di!- La voz sonaba distorsionada, como metálica - Se que te estás preguntando que estás haciendo acá, podes quedarte tranquila porque nadie hizo nada invasivo con tu cuerpo, solamente necesitamos tu mente y tus habilidades para el arte, vas a estar acá seis meses, en ese lapso tenes que escribir un libro y dibujarle una portada. Por ahora es todo lo que tengo que decir, ¡Ah! Se me olvidaba- Agregó la voz, haciéndome estremecer - Tus padres piensan que estás en un viaje de trabajo, hemos arreglado todo para que no se preocupen, así será más fácil para vos y para nosotros.

El mismo pip de inició dió final al comunicado, mi rostro cayó, ¿Cómo mierda saben mi apodo? ¿Quién carajo está detrás de esto? Lo peor fue pensar en que no había pensado en que me hayan hecho algo malo mientras estaba inconsciente, eso era inconsciente de mi parte.

Mi mente formulaba pregunta tras pregunta, no lo podía creer, nadie me había dicho Di desde que tenía
cinco años. Di era un apodo que nada tenía que ver con mi nombre, obviamente nadie llamada Amani podía tener un apodo tan idiota como Di, pero ese apodo me lo había puesto mi abuelo, y algo de cariño le había tomado, ya que antes de morir, me dijo "Perseguí tus sueños Di, te amo mucho". En ese momento tenía diez años y quería ser una astronauta escritora que bailara en el espacio, o algo así.

Cuando cumplí 20 mi mamá me entregó un sobre que mi abuelo me había dejado, la cantidad de dinero que contenía era enorme y debo afirmar que me sorprendió que el abuelo me guardara ese dinero a mi y no lo haya usado para tratar de curarse de su cáncer de pulmón o al menos en un tratamiento para su diabetes. Lo que me emocionó fue su carta, una carta que en resumen, decía lo orgulloso que iba a estar de su pequeña astronauta bailarina y escritora, y que ese dinero debía usarlo para mis fondos de estudio o para "alcanzar algunas o todas mis metas".

No sé porque me encuentro pensando esto ahora, será que cuando la voz me dijo Di, el apodo que solo el tenía permitido usar en mi, me dí cuenta de que lo extrañaba muchísimo, mi abuelo me hacía mucha falta.

***
Me dormí después de cansarme de llorar, no sólo por mi abuelo, sino también, porque esto me asustaba. Cuando logré abrir bien mis ojos y desperezarme, fui a la mesa y tomé el libro, en el había un mensaje, con una letra que reconocí al instante, la de mi abuelo. 

Di, por favor, haz lo que esta gente te dice, mis errores tienen consecuencias, perdoname. Te ama, tu abuelo Ieio. Como te encantaba decirme.

Ok, mi abuelo la cagó y ahora yo estaba metida en algo que no sabía que mierda era. ¡La puta madre abuelo!, al menos me hubieses dicho algo en tu carta. 

Encontré un micrófono en un florero que no había visto horas antes, se que pasaron horas porque el sol se estaba ocultando detrás de la colina que se veía a través de el ventanal. No me había dado cuenta de lo hermosa que era la vista, seguramente los que me tenían encerrada pensaban que me iba a inspirar o algo.

Comencé a observar cada rincón del cuarto, en la pared a la cual le daba la espalda, había un espejo, una pileta de baño con un jabón, una toalla, pasta dental y un cepillo de dientes. "Afortunadamente" pensé "el cuarto tiene una pileta donde lavarme los dientes después de cada comida" y a la derecha de estos una puerta corrediza separaba el cuarto del inodoro donde podría hacer mis necesidades, una cama de una plaza, con sábanas blancas y un acolchado rosa, continuaban ocupando el lugar.
La pared de la izquierda tenía una puerta, intenté abrirla, pero fue inútil, algo la trababa.
La pared a mi derecha era la del ventanal, y la que estaba frente a mi era la de la mesa-escritorio.
En el extremo derecho de la mesa, había una pequeña puertita, supuse que por ahí me iban a brindar materiales, comida o lo que pidiera, si es que mis captores tenían corazón.

Me acerqué al micrófono y con una voz quebrada y ronca, que no sonaba para nada a la mía dije- ¿Podrían darme algo de comer? Muero de hambre- Ok soy una idiota, en vez de preguntar porque me tenían ahí o quienes eran los que me tenían, pedí comida, el caso es que con un estómago vacío no se podía (ni se puede pensar) y eso hasta mi perro lo sabe. ¡Oh, mi dulce Lu! Lo extraño tanto.

La pequeña puertita automática se abrió en frente de mi, dentro de ella se podía apreciar una bandeja con un plato con tostadas, una ensalada Caesar, una botella de agua, un vaso, aderezos, los cubiertos y servilletas. Mmmm... el que me tenía encerrada acá conocía mis gustos a la perfección, eso me asustaba mucho más, pero no me podía negar a disfrutar de este banquete y en un abrir y cerrar de ojos acabé con todo lo que contenía la bandeja. Una vez satisfecha, deje la bandeja en donde había aparecido, antes dejando la botella y el vaso para poder tomar el agua que quedaba.

En eso una ola de inspiración llegó a mi y tomando el libro en blanco y el lápiz que tenía enganchado con una cinta roja, comencé a escribir y me deje llevar como lo hacía cada vez que una historia se me ocurría. La trama era sencilla, una chica de dieciséis años (siempre son adolescentes las que interpretan mis historias) iba hacía el encuentro de un club de fans cuando inesperadamente la choca una bicicleta y ahí es donde encuentra a su amor, uno de los problemas era que el hombre en cuestión debía ser descartado por ella ya que era un hombre que doblaba su edad y que además se estaba por casar. Ok, sé que tal vez es más de lo mismo, pero casi siempre escribí historias de amor, creo que el romance es un género que se me daba bastante-fácilmente-bien . Ahora, si mal no recuerdo, tendría que pensar algunos conflictos además del principal, pero a esta altura ya tenía cuatro capítulos encima, no es que me jacte de ser una genio, pero escribir siempre fue mi fuerte, por eso mis compañeros de la facultad me elegían siempre para los trabajos, a veces hasta peleaban por mi.

Cuando terminé el cuarto capítulo, tenía la necesidad imperiosa de recostarme y dormir, al recostarme sentí como todo el peso de mi cuerpo caía como plomo desde la punta de mi cabello, hasta la punta del dedo chiquito de mi pie, nunca me había sentido tan fatigada, así que en cuestión de segundos, cerré mis ojos y me dormí, esa noche soñé con el abuelo, "Lo estás haciendo genial" me dijo.

Desperté con un rayo de sol perforando mis ojos a través de mis tupidas pestañas, inmediatamente fui a la mesa, comí el desayuno que había en la pequeña cavidad de la comida y volví mis pensamientos a la historia, logré escribir tres capítulos más, y luego me aburrí, así que decidí alejarme un poco de la escritura. Para pasar el tiempo me senté en el suelo y me puse a hacer algunas poses de yoga, apenas tomé diez clases en mi vida, pero lo poco que recordaba me ayudaba a destensar mi cuerpo y a relajarme.

Dos días después la inspiración se había esfumado de mi por arte de magia, y con la imperiosa necesidad que tenía de terminar el desdichado libro empecé a frustrarme mucho.

Decidí pedir algo para distraerme, un libro, uno que no leía hace bastante, pero era mi favorito, El Principito.

Terminé de leer el libro y lo releí y releí, hasta que algo de inspiración toco la puerta de mi cerebro y volví a escribir, al finalizar el día ya tenía trece capítulos del libro, decidí que en dos capítulos más la historia culminaría en un final abierto, para generar expectativa.

A todo esto deberán preguntarse cuando me tocaba asearme (yo también me lo preguntaría, no se sientan culpables), cada noche, a la misma hora se abría la puerta de la pared de la izquierda (la cual estaba cerrada las demás horas del día) que daba a una ducha, en la cual había ropa de mi talle, perfume, desodorante, todo lo necesario para el aseo, así que en ese momento era cuando yo me bañaba. mesa.

El día que terminé el libro, una emoción inexplicable corría por mis venas, mi niña interior gritaba, saltaba, hacía medialunas y volteretas, porque aunque ya me había acostumbrado al lugar, quería volver a mi casa.

-¡Bien hecho Di!-Dijo la voz desde los altavoces- No creas que te vamos a liberar tan fácilmente, el libro tiene un final poco agradable a las críticas, tenes que continuarlo, hasta que decidamos que debes salir-Continuó.

Sentí que todo el mundo se me venía abajo, la sonrisa que tenía en el rostro se había desvanecido como arena entre las manos, mi niña interior cayó al suelo como si Tyson la hubiese noqueado de un golpe.Todo lo que atiné a decir fue - Está bien- Lágrimas corrían por mi rostro, y un sollozo como el de un niño al que le robaron su caramelo salió de mi boca sin permiso - ¿Cuándo van a dejarme ir? ¿No van a ser sólo seis meses no?- El silencio lo confirmó, ahí lo supe, pero no quise creerlo, mi abuelo me había dejado esta encomienda y la debía cumplir, aun si esto significaba nunca más salir de este lugar.






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